viernes, noviembre 16

the suit

No me gustan en absoluto los hombres con traje.
Y el miércoles lo terminé de corroborar.
Especimen trajeado estudiado minuciosamente a las 8.45 a.m. en el bondi (la mejor hora para llevar a cabo este tipo de prospecciones):
  • movimiento compulsivo de la rodilla a modo de tic,
  • uñas comidas hasta la instancia de arrancarse la piel,
  • manoteo de ganso cada tres cuadras, mal,
  • olor feo, fuerte, como a amoníaco, pero que no venía de él, sino del muchacho sentado a mi lado (estaba rodeada) -> se me sesgó la muestra.
El único hombre que sabe lucir el traje como corresponde es mi papá. No es porque sea mi apá, de hecho lejos años luz estoy de tener una relación edípica con mi padre, pero nadie lo viste como él. Y además, huele bien; sabe combinar a la perfección el traje con la fragancia, demás está decir que es sumamente meticuloso en la elección de la camisa, corbata, y hasta la trabita de ésta última. Es de los que usan pañuelo de tela, perfectamente planchado y doblado (le gusta como se lo plancho yo, igual que las camisas); no le vengas con carilinas porque es un insulto. Un señorito inglés, diría mi abuela Iris. Y attachè tipo portafolio, nada de bolso o morral.
Mi tío también la tiene clara con el traje.
Igual, más allá de todo, el traje para mi equivale a papucho. Los demás son horribles.
Por suerte, el Chú es todo lo opuesto. Nada de trajes, eso dejalo para un casamiento. Mis amigos tampoco usan traje. Aunque algunos tendrían y deberían meditarlo en ciertas circunstancias, como por ejemplo, si sos abogado (ejeeemm).
El hombre con traje, excluyendo a daddy, me da la sensación de garca, obsesivo, medio psicópata (será por American Psicho?), sexualmente loquito y machista en exceso. Y la mayoría huele a colonia Pino. O a chivo directamente, como ese compañero de trabajo que tuve en la oficina, que posta volteaba del olor. La persona a quien estaba suplantando me dejó escrito en la listita de tareas que cada vez que el chabón llegara a la oficina, enciendiera el hornito. Y que cuando se fuera, que rociara medio frasco de Glade en su oficina. Y ni te digo aquel día que llegó, me saludó a lo lejos como todos los días porque yo estaba "ocupadísima" en el teléfono y lanzó su saco sobre mi chaqueta. La dejé tres días en remojo.
Ves lo que me hacen hacer los tipos trajeados?

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